miércoles, 7 de noviembre de 2007

Winneba - Fuerte Buena Esperanza

Días del 181 al 183
Winneba - Fuerte Buena Esperanza
Total: 40,50 km

Total acumulado: 8.599,50 km

La vida nos sorprende muchas veces con extrañas casualidades. No conocíamos su existencia al salir de España y mucho menos que estaba a mitad de camino del que era nuestro destino original. Pero cuando mas lo necesitábamos ha aparecido en nuestra ruta, el Fuerte Buena Esperanza. Que mejor sitio para dejar a buen recaudo nuestro proyecto, junto al mar, donde muchas cosas acaban y otras muchas empiezan. Ya os habíamos dicho que íbamos a hacer un punto y seguido en el viaje, quien sabe si para retomarlo mas adelante, y como queriendo afianzar nuestra decisión apareció el fuerte.

Mirándolo fríamente, no es que tenga mucho encanto, aunque sin duda ese lugar que perfectamente podría ser uno de los mas pobres de toda África quedara grabado en nuestros corazones para siempre.

El fuerte conserva en algunas partes el suelo original de principios del siglo XVIII; debajo de una de las tablas guardamos una caja imaginaria con los retales de lo que hemos vivido en este gran y duro continente que es África, tal vez comparta espacio con los deseos de un amargado soldado holandés o con los sueños incumplidos de alguno de los esclavos que fueron trasladados lejos de su tierra natal.

Todavía nos quedan unos 100 km a Accra; la visita de un buen amigo y una hermana gemela; la esperanza de hacer nuestro taller con Sunrise África, los amigos de Alex y Patricia y un paseo por este país pero esperadnos, el 1 de diciembre estamos de vuelta en Madrid.


Desde Fuerte Buena Esperanza.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Kumasi - Winneba

Días del 167 al 180
Kumasi - Cape Coast - Abandze - Apam - Winneba
Total: 112,50 km
Total otros transportes: 224,00 km

Total acumulado: 8.559,00 km

Casi recuperados de la malaria cogimos un tro-tro (furgoneta que hace las veces de transporte publico en Ghana, mas barato y divertido que las grandes líneas de autobuses) a Cape Coast, nuestra forma física todavía no es la optima y cicleando por la costa encontraremos mas facilidades.

A nuestra llegada el mercado de Kotokuraba estaba en plena ebullición, y dado que el tro-tro nos dejo allí, cargamos nuestras bicicletas y encontramos la salida preguntando a una enorme y simpática mujer que vendía unos gigantes pescados frescos y que perfectamente podría haber capturado a manotazos. Poco a poco dejamos atrás el mercado y de igual manera el océano fue apareciendo tras los patios de unas cochambrosas viviendas. Cape Coast guarda como tesoros su castillo y algunos edificios coloniales de la época en la que ostentaba la capitalidad del país, lamentablemente ahora es una de las ciudades mas sucias del África que conocemos. No ayuda mucho que sus playas se conviertan en vertederos de basura y en letrina publica al atardecer, y no precisamente para aguas menores. Es verdaderamente desagradable que las costas de Ghana se llenen de "cagones" que otean el horizonte marino pensativos, pero al fin y al cabo ese residuo "desaparecerá" en poco tiempo, no así los montones de bolsas de plástico, botellas, zapatos, envases... que encontramos flotando en el agua del océano. Que paradoja, en el castillo de Cape Coast nos contaron como los 1300 esclavos que salían cada seis semanas hacia las Américas vivían y dormían encerrados sobre sus propios excrementos.

Desde Marruecos llevamos deseando deciros que uno de los mayores problemas ambientales a los que se enfrenta África es el tratamiento de los residuos plásticos y vidrios, siendo totalmente conscientes de que nosotros hemos contribuido con residuos que no podemos transportar hasta Europa para ser tratados, este asunto tiene difícil solución.

La costa de Ghana alberga un buen numero de fuertes y castillos construidos por los europeos que se utilizaban como almacén de los bienes que se obtenían de la Costa del Oro: oro, marfil, esclavos, cacao, etc. Ahora se pueden visitar y pasar revista a la historia que albergan, nosotros llegamos pedaleando a Abandze, que alberga el Fuerte Amsterdam, lugar desde el que fueron trasladados a América los antepasados del musico Louis Armstrong. Hay que tener cuidado con el cara dura del guardián quien intentara cobrar mas del triple de lo debido por la visita y a quien su dentadura delataba como ajeno a cualquier parentesco con la familia Armstrong.
En Abandze unos europeos que nos echaron un cable con el alojamiento, por desgracia aun no es recomendable acampar a causa de las tormentas, dedicaban sus mañanas a una lucha perdida de antemano: limpiar la playa cercana a su negocio. Animo Neill y Susan!

Al día siguiente le tocaba el turno al Fuerte Paciencia (como la que hay que tener aquí en Ghana con algunos), donde además hay unos alojamientos muy básicos al servicio de los viajeros. Así fue como nos descubrimos paseando en plena noche con un candil por los entresijos de una fortaleza construida por los holandeses a finales del siglo XVII.

Intentando esquivar al sol sin lograrlo llegamos a Winneba, una ciudad universitaria que nos esperaba con una sorpresa, unas playas mas limpias. Aquí no hay ningún fuerte en ruinas pero se pueden encontrar las ruinas de lo que fue un complejo turístico al borde del mar, donde encontramos donde dormir a módico precio.

Desde Winneba.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.

martes, 23 de octubre de 2007

Costa de Marfil

Un pais en la postguerra.



Sabiamos que la situación del pais hasta hace poco era de guerra, pero todas las fuentes que consultamos nos aseguraban que el conflicto belico habia cesado. Desde la entrada a Costa de Marfil fuimos conscientes de que la información en el exterior dista mucho de la realidad. El pais esta dividido en dos, el norte (por donde paseamos) tomado por los rebeldes y el sur controlado por las fuerzas leales al gobierno. Aunque la mayor parte de fuentes que se consulten atribuiran el conflicto a las diferencias religiosas entre musulmanes (al norte) y cristianos (al sur), es este un conflicto que nace del abandono de la mitad norte del pais por los sucesivos gobiernos centrales, según nos cuentan los habitantes de esta zona.

A pesar de encontrar rebeldes armados a lo largo de todo nuestro recorrido, con la sensación de inseguridad que ello conlleva, casi todo el mundo nos recibio con los brazos abiertos allá donde paramos. Suponemos que ser dos de los primeros "tubas" que vuelven al pais despues de mucho tiempo ayudo. Asi, solo podemos hablar bien de los civiles marfileños, esperamos que no se les pegue la codicia de algunos uniformados.

Aun con situacion de postguerra de por medio, en Costa de Marfil se puede volver a disfrutar comiendo. Dignos de mencion son el foutou (pure espeso de ñame que se come acompañado de una salsa) y el attieke (fibras de mandioca ligeramente tostadas que estan deliciosas en ensalada con verduras y huevo duro).

En la embajada marfileña en Dakar un enorme cartel rezaba "Costa de Marfil a vuelto", si no lo ha hecho pensamos que esta bastante cerca.

Desde Kumasi.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Bouna - Kumasi

Días del 147 al 166
Bouna - Bole - Kumasi
Total: 73,00 km
Total otros transportes: 325,00 km

Total acumulado: 8.222,50 km

Han pasado ya 19 días desde nuestra ultima conexión, 19 días que os hemos dejado sin noticias, 19 días de preocupación, 19 días en los que nosotros no lo hemos pasado del todo bien.

Pero continuemos desde Bouna, en la añorada Costa de Marfil. Quien nos iba a decir que aquel día íbamos a tener mas problemas en la entrada a Ghana que con los rebeldes a la salida de Costa de Marfil. Después de 35 km por un camino de tierra que, gracias a que no pasaba ningún coche por el se mantenía en buen estado, llegamos al Volta Negro, donde el rebelde que hacia las veces de aduanero nos invito a continuar el camino hacia la piragua que cruzaba a Ghana sin moverse de su hamaca. Dos forzudos subieron nuestras bicicletas a la piragua y cambiamos de país.

Nos las prometíamos muy felices en Ghana, sin puestos de rebeldes armados cada 50 km, pero en el puesto fronterizo nos encontramos con los tres primeros inútiles del país. No sabemos porque razón, aunque intuimos que por no darles dinero, los policías de inmigración nos retuvieron mas de una hora en sus oficinas y decidieron que el único que tenia potestad para sellar nuestro pasaporte era su jefe en la ciudad de Bole, a donde nos dirigimos en las peores horas de calor. Una vez allí dinos con el jefe del servicio de inmigración que se llevaba las manos a la cabeza al comprobar la inutilidad de sus subordinados ya que para sellar nuestro pasaporte teníamos que regresar al Volta Negro. Dejamos todo en manos de Francis, el jefe, y las bicicletas a buen recaudo e hicimos una excursión de dos días a la reserva de Mole.

Además de ser el pueblo mas cercano a la reserva, Larabanga, alberga la mezquita mas antigua de Ghana. Sus habitantes no están dispuestos a no sacar tajada de la casualidad e intentan cobrar a precio de oro el pasear al rededor de la mezquita. Afortunadamente la entrada a Mole merece, y mucho, la pena. Fue fácil observar elefantes, varias especies de antílopes, facoceros, babuinos (uno de los cuales salto sobre nuestra tienda destruyéndola como merengue), y algunas especies de aves.

A nuestro regreso a Bole nos esperaban nuestros pasaportes sellados y una complicada malaria que paso Ivan y nos dejo en la ciudad mas del tiempo previsto. Después de varios días con fiebre y de inyectar quinina directamente en sangre, no nos encontrábamos con fuerzas para coger las bicicletas hacia Kumasi pero necesitábamos salir de Bole. Pudimos subirnos, con todo el equipo, a un autobús que viajaba a Accra y Nos bajamos en Kumasi, la capital Ashanti. Allí aun nos esperaba la peor parte. Ahora era Nuria la que tenia malaria y estaba mas desarrollada, así que el medico decidió dejarla ingresada en el hospital. Nunca se sabe que es mejor ya que la incompetencia de las enfermeras estuvo a punto de costarnos bastante cara. Ellas le dieron gracias a Dios por la recuperacion de Nuria, nosotros se las tenemos que dar a Abdul, el medico que trato a Ivan y que nos ensenio cual debe ser la evolucion y el tratamiento de la malaria en un europeo que la tiene por primera vez. Aunque ya estamos recuperados, pero bastante débiles, estos últimos acontecimientos nos han mostrado el precio que no estamos dispuestos a pagar. Vamos a poner un punto y seguido en el proyecto. Seguiremos informando.

Desde Kumasi.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.

PD. Lamentamos los dos ultimos post sin fotos pero las conexiones por aqui no dan para mucho mas.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Ferkesedougou - Bouna

Días del 141 al 146
Ferkesedougou - Sikolo - Kafolo Bac - Tehini - Bouna
Total: 303,00 km

Total acumulado: 7.824,50 km

Fidel, el dueño del hotel Kofikro en Ferkesedougou quiso que le llamáramos a nuestra llegada a Bouna, el camino es muy malo y le asustaban sobretodo los rebeldes y los asaltantes de caminos que son bastante activos en la ruta que vamos a seguir. Abandonamos la ciudad cuando aun no había vida en el enorme mercado, pasamos sobre las vías de tren que unen el norte del país con Abidjan y enfilamos 300 km de camino de tierra roja, comparable a la peor pista que os podáis imaginar en el medio rural español. A los pocos kilómetros los dos primeros camiones atascados en el barro, no sabemos como se atreven a transportar tanta mercancía por estos caminos. Uno de los camiones llevaba atascado tres días y los pasajeros que viajaban en él rezaban para que llegara lo antes posible algo de ayuda. Paramos a comer a la sombra de un árbol donde varios tipos de moscas y mosquitos se volvieron locas al ver carne fresca, engullimos nuestras conservas y salimos escopetados. Algo mas adelante, en una pequeña aldea, nos ofrecieron una sombra y algo de agua. Algunos de los niños mas pequeños huyeron despavoridos al vernos llegar, no habían visto un blanco en toda su vida y parece que el primero les había causado cierta impresión. Al atardecer llegamos a Sikolo, era día de mercado y los rebeldes del puesto de la entrada eran bastante celosos de su trabajo. Llamaron al comandante Salomón cuando les preguntamos si había algún sitio para dormir en el pueblo. Como ellos se encargaban de la "seguridad" en la zona pensaron que lo mas acertado era que durmiéramos en su pequeño cuartel y como camaradas nos ofrecieron comer de su mismo plato.

Una enorme tormenta nos regalo dos horas mas de sueño y nos hizo dudar de nuestra llegada a Kafolo, pero ni el agua ni el camino tortuoso impidieron que llegáramos extenuados a nuestro objetivo del día, la puerta de entrada al Parque Nacional de la Comoe. Allí Yako y toda la plantilla nos esperaba con los brazos abiertos. El Comoe Safari Lodge es un campamento de lujo, pero los últimos años de guerra en Costa de Marfil lo tienen en reconstrucción. Es por eso que pudimos disfrutar de el a precios populares, en palabras de Yako, lo que pudiéramos dejar para los trabajadores. Todo el mundo en el pueblo estaba encantado con nuestra llegada, que parece augurar que vienen tiempos mejores y que la guerra, por el momento, ha terminado. Se volcaron con nosotros, por el día un paseo en todoterreno por el Parque sin mucho éxito en el avistamiento de animales, o un paseo en piragua por el río Comoe, por la noche degustación en familia de los platos locales: foutou, attieke y varias comidas y sopas hechos a base de maíz; nosotros les enseñamos a poner un toque de canela y azúcar en la nata que se tomaban a cucharadas. Una de las tardes que reposamos con ellos escuchamos varios disparos, un hipopótamo había sobrepasado los limites del Parque y estaba zampándose un cultivo de arroz. Al contrario que en Senegal, donde hace falta una orden presidencial para disparar sobre un animal en el Niokolo Koba, aquí pudimos ver a un hipopótamo con mas de 20 disparos que intentaba, sin éxito, volver al río Comoe.

Aunque nos hubiera gustado pasar mas días con nuestros amigos del Campamento, nuestro camino debía continuar. Les dejamos cuando las existencias de harina y arroz en el pueblo comenzaban a escasear, el camión que debía traer las provisiones había volcado en el camino a causa del barro.

Un largo día nos llevo a Tehini, donde un guarda, de origen lobi, nos permitió montar la tienda bajo techo, en el garaje de la Misión Católica abandonada, las hermanas estaban en Burkina donde la situación esta mucho mas tranquila.

El camino comenzaba a mejorar ligeramente, esto nos animo a aventurarnos a llegar en un solo día a Bouna, a 93 km de Tehini, y a un paso de Ghana. La llegada a Bouna nos recordaba a esa película en la que Paco Martínez Soria migra del campo a Madrid, habíamos vuelto a la civilización. En todo caso, a pesar de estar en la ciudad, las únicas líneas telefónicas que funcionaban eran las de móviles para llamadas nacionales, así pudimos escuchar a Fidel muy contento de que hubiéramos podido llegar a Bouna sanos y salvos.

Desde Bouna.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.Nuria e Ivan.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Mali

El país de las dos ruedas.

Alguien, en alguna parte, nos había dicho que en Mali no íbamos a tener problemas en encontrar repuestos para nuestras bicicletas, decían que aquí les encantan las motos y las bicis. Es totalmente cierto, el transporte nacional de Mali es una pequeña moto parecida a las scooter que viene directamente de Indonesia y cuesta unos 450 euros. La gente transporta absolutamente de todo en sus antiguas bicicletas de piñón fijo y en estas motos. Es por esta superpoblación de motocicletas que, además de en las gasolineras, se puede encontrar alimento para el motor en cualquier rincón del país, unos puestecillos de madera atestados de botellas de cristal indican que es allí donde se puede conseguir la mejor mezcla de carburantes.


Se nota que Mali hace poco estaba entre uno de los diez países mas pobres del planeta. Además de la gran diferencia con el "rico" país vecino del que venimos, Senegal, son muchos los niños del bote (jóvenes de entre 5 y 12 años que recorren las calles con un bote en el que la gente deposita algunas monedas o cualquier tipo de alimento o bebida y que, de momento, se encuentran en casi todo Africa), las cosas son mas baratas, las calles mas sucias, hay muchas menos tiendas de alimentación general y en las que hay se encuentran muchas menos cosas, las comidas y cosas de picar se sirven en la calle rondando los 100 francos (unos 0,20 céntimos de euro). Sorprendentemente esto se ve reflejado en sus gentes de un modo inesperado, casi todos son simpáticos y amables.

Los puestos alimenticios a pie de calle nos han venido fenomenal para insuflar aires nuevos en nuestra dieta. Cada noche se cocinan varios guisos que el consumidor puede mezclar a su gusto, judías pintas, espaguetis, patatas y plátano frito, carne guisada, mijo y a veces pescado son los mas comunes, aunque las condiciones higiénicas tal vez no sean las mejores.

Parece que las gentes de Mali son mas amantes de la cultura que otros pueblos de esta parte de Africa, no es extraño ver en sus calles, desde la gran ciudad hasta las zonas rurales, casetillas, tiendas y puestos donde comprar o intercambiar un libro. Asimismo, encontramos salas de cine hasta en los mas recónditos lugares, por desgracia absolutamente todas estaban cerradas.

Este país es enorme, y nuestro paso por el se ha ceñido a una parte minúscula, nos dejamos por visitar el gran norte de las caravanas por el desierto, el país Dogon y el delta interior del Níger con sus históricas ciudades. Como dicen por aquí: "A la prochain".

Desde Ferkesedougou.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Sikasso - Ferkesedougou

Días del 133 al 140
Sikasso - Loulouni - Pogo - Nielle - Ouangolodougou - Ferkesedougou
Total: 240,40 km

Total acumulado: 7.521,50 km

El segundo día de descanso en Sikasso fuimos a visitar las Cuevas de Missirikoro, unas enormes formaciones rocosas cinceladas por el agua que los seres humanos han convertido en un lugar sagrado, tanto para musulmanes como para animistas. A la entrada de la "mezquita", una cavidad enorme de varias decenas de metros de altura, un joven musulmán se pasea descalzo de un lado a otro, como poseído, canturreando un rezo en árabe. Vive aquí en la cueva, y todos los días del año hace lo mismo. Desde esta estancia se pueden ver algunos de los pasos de las grutas inferiores , son los animistas los que se dan cita en el "piso de abajo". El acceso a esa parte de cueva esta precedido por una pequeña, aunque nada desdeñable, montaña de plumas, pelos y osamentas de animales resultados de sus sacrificios. En el exterior se puede trepar hasta lo alto de la formación, el día es soleado y las vistas son magnificas, pero hace un calor sofocante. En una parada sacamos algo de agua y ofrecimos al joven que quiso acompañarnos y a sus dos hermanos mayores, quienes rápidamente declinaron nuestra oferta ya que había comenzado el Ramadán y no ingieren absolutamente nada desde la salida del sol hasta el ocaso.

Parece que nos equivocamos e nuestro anterior blog, la época de lluvias aun no ha terminado, así, en Loulouni, tuvimos que buscar un techo bajo el que dormir, ya que cada día, después de comer, como mínimo el agua de una fuerte tormenta besa la tierra. En la gasolinera, el tipo mas antipático del pueblo nos presto una habitación donde tenia almacenado un antiquísimo surtidor venido de Alemania y una motocicleta inservible. Su cara opuesta, el tipo mas simpático de Loulouni, en la acera de enfrente, es el que nos dio de cenar en lo mas parecido a un restaurante del poblado. A eso de las 18h, 30 minutos antes del ocaso, algunas de las personas que hacen el Ramadán se arremolinan en este puesto de comidas y van ordenando el te con el que abrirán el estomago después de un día sin comer y el plato de comida que ingerirán a posteriori. Conciliamos el sueño con el sonido de los truenos y el agua de la tormenta golpeando los vetustos cristales de nuestro refugio nocturno.

Después de 50 kilómetros nos despedimos de Mali en Zegua, el puesto fronterizo. La primera carretera con arcén desde hace mucho tiempo nos da la bienvenida a Costa de Marfil, donde algo mas adelante el pueblo de Pogo nos recibía lleno de lo que parecían ser militares. Nos acercamos al puesto fronterizo con el objetivo de sellar nuestros pasaportes; todos los allí presentes nos hacían múltiples preguntas y querían saber cual era nuestra misión, pero no hubo manera de estampar absolutamente nada en nuestro documento. Uno de los que parecían mas avispado nos dijo que ellos eran rebeldes y que cualquier cosa que pusieran en nuestro pasaporte no tendría ningún valor. En la embajada de Costa de Marfil en Dakar nos habían dicho que la situación en el país era normal, no compartimos su opinión. Las miradas de algunas personas se debaten entre el susto y la extrañeza al ver a dos blancos paseando en bicicleta; aunque la mayoría nos muestran una mano en alto y la sonrisa de alegría por ver a dos viajeros en su país, síntoma para ellos de que todo vuelve a la normalidad, casi siempre lo rematan dándonos la bienvenida en francés.

La carretera que va directa hasta Abidjan pasa por varios pueblos - cruces de camino (uno siempre se hace la misma pregunta que con el huevo y la gallina, en este caso nunca sabremos que fue primero) donde podemos encontrar un refugio para cobijarnos de las violentas tormentas vespertinas y nocturnas. Antes y después de cada uno de estos lugares nos toca pasar revista ante los militares de turno en cada puesto de control. La mayoría quieren saber que estamos haciendo, otros que es lo que les hemos venido a traer.

En Nielle los restaurantes, hoteles y comercios han retirado sus letreros, parece como si quisieran que nadie sepan a que se dedican. En uno de esos restaurantes sin letrero, al que nos llevaron en moto, comimos un inocente plato de arroz nada en consonancia con los tiempos que corren; la cuidada presentación en forma de corazón, tal vez sea la pequeña contribución para la paz del viejo hombre que lo regentaba.

En Ouangolodougou se cruzan los caminos de Mali, Burkina y Abidjan y tiene todo lo necesario para que camiones, coches, taxis y autobuses hagan una parada. Ferkesedougou, sin embargo, tiene un gran mercado de hortalizas, un afamado hospital y un enorme campamento de las fuerzas de Naciones Unidas. Desde aquí nuestro camino gira dirección Ghana, algo mas de 300 km de camino no asfaltado, pasando por el Parque Nacional de la Comoe, que no sabemos si podremos visitar.

Desde Ferkesedougou.
Que el viento sople siempre a vuestro favor.
Nuria e Ivan.